
Siempre me ha parecido que el español es uno de los idiomas más completos que existen, proporcionando una gran cantidad de sinónimos y antónimos que permiten dar diferentes connotaciones y una extensa variedad de ideas. Usualmente, a diferencia de las lenguas de origen sajón, el español no emplea palabras compuestas, es decir que, solemos emplear muy pocas palabras derivadas de la fusión de dos o tres diferentes. Esto permite un basto vocabulario para expresarnos, la mayoría de las veces, sin problema alguno. El inconveniente surge cuando no se ajusta ninguna de las palabras que conocemos, ya sea por carencia de vocabulario o por no haber realmente una palabra que englobe todo lo que se desea comunicar. ¿Y todo esto a qué viene? Lo que acontece es que suelo padecer de un sentimiento que realmente no se puede definir como felicidad, tristeza, nostalgia, melancolía, ansiedad o algo similar.
Hoy en particular es una fecha muy significativa para mí. Llámenme raro pero para mí el número trece es de buena yuyu. He tenido experiencias espectaculares los días trece. Y fue un día como hoy hace dos pares de años cuando comenzó un ciclo maravilloso en mi vida. Cambió mi forma de pensar, de querer y de vivir. El recordar tantas anécdotas y mágicos momentos me hace sentir nostálgico, me hace sentir un poco triste pero a la vez me alegra y me dan ganas de sonreír. Y sinceramente no lo veo como una sucesión de diferentes sentimientos que surgen uno tras otro sino que se mezclan y combinan en uno sólo que, como por efecto de sinergia, inventan una emoción muy profunda e indescriptible que te hace reflexionar y te deja, en palabras más informales, "moviéndote el tapete".
No siempre llego a sentir esta peculiar emoción sin embargo, la mayoría de las veces consigo detectarla y diferenciarla de la simple nostalgia. Platicando algunos amigos, coincidimos que esta sensación de felicidad envuelta en una ligera tristeza y a veces tristeza cargada con felicidad es propia de la película de "El fabuloso destino de Amélie Poulain". Cada vez que veo este increíble peliculón me siento taaaan extraño. Es como si estuviera en un limbo entre la felicidad y la tristeza. No es para nada un comportamiento bipolar sino que algunas veces se producen en mí unas ganas de reír incontrolables pero como si hubiera un fondo en mi mente que me dejara algo reflexivo, pensativo e incluso triste; algunas otras veces percibo unas lágrimas (que logro contener) pretendiendo escapar de mis ojos al mismo tiempo que me encuentro sonriendo, en un estado conmovido, de tranquilidad y alegría.
Deberíamos entonces, llegar a un acuerdo con los poseedores de los derechos de autor de esa película para poder explotar el nombre de Amélie refiriéndonos a la raíz de ese sentimiento tan conmovedor y auténtico. ¿Qué tal algo así como decir "hoy me siento amelioso" o "amelino" o "ameliante"?
Haz un esfuerzo y trata de recordar si alguna vez has llegado a saborear esta sensación de la felicidad-tristeza-nostalgia-extrañeza-melancolía porque es única y vale la pena sentirla alguna vez.